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20 años de la muerte de Ayrton Senna

Ayrton Senna

Los mitos no mueren. Permanecen en la memoria colectiva sobre todo si su muerte ha sido trágica y traumática. Al igual que las leyendas del rock y el cine muertas prematuramente, la muerte de Ayrton Senna trasciende el mundo de la Fórmula 1 para instalarse en la mente de personas ajenas al mundo del motor a nivel mundial. Los mitos son, también, globales.

Ayer, 1 de Mayo, se cumplieron 20 años de la muerte de Ayrton Senna en el circuito de Imola. Hablar de Senna es hablar de intrepidez. A base de talento y determinación se ganó el apodo de Magic que describe muy bien su personalidad y forma de ser. Un talento único que le permitía realizar carreras y adelantamientos que otros pilotos solo podían soñar. La Fórmula 1 que vivió Senna era muy distinta de la actual. Senna era un genio de la conducción capaz de competir y ganar a coches muy superiores al suyo. Si hubiera conocido sistemas como el KERS o DRS que facilitan los adelantamientos seguramente se habría llevado las manos a la cabeza. Esas mejoras suponen una ayuda que a él no le hubieran gustado: el reto de adelantar y derrotar a los rivales no sería el mismo y restaría credibilidad a la habilidad de los pilotos. Senna pensaba en la capacidad de un piloto para derrotar a otro y no derrotarlo solo con el coche.

La vida de Senna fue como su muerte. A toda velocidad intentando superar toda clase de obstáculos hasta que se encontró con uno, el muro de la curva Tamburello del circuito de Imola, que no pudo superar mientras intentaba domar a un Williams prácticamente inconducible. Su aparición estelar en el Gran Premio de Mónaco de 1984 a bordo de un Toleman bajo un intenso aguacero será siempre recordado. Partió decimotercero y acabó segundo. El primer obstáculo al que se enfrentó era ser brasileño en una época en la que Brasil no tenía la imagen de la que disfruta ahora. Su pujanza económica actual era muy diferente de la imagen de Brasil en los años 80: pobreza extrema, miseria y una sociedad corrompida por las drogas y con un gran atraso a todos los niveles. La vitalidad de Senna empezó a cambiar esa imagen. Su lucha transmitía el mensaje de que con determinación, esfuerzo y talento se podían cambiar las cosas y si una persona podía, el país también sería capaz de hacerlo. Nunca dejó de mostrar con orgullo la bandera de Brasil.

En el marco puramente deportivo su nombre irá siempre ligado al del piloto francés Alain Prost. Una lucha de caracteres y egos que no podía acabar bien, ni siquiera compartiendo equipo en Mclaren. Todo genio tiene su lado oscuro y la rivalidad entre Prost y Senna llegó a límite de echarse ambos de alguna carrera con un título mundial en juego. Prost acabó dejando el equipo para recalar en Ferrari pero eso no disminuyó su lucha en ningún momento. En 1993 Prost, tras 4 títulos mundiales se retiró y Senna quedó huérfano de un enemigo a su altura. Así lo reconocería al manifestar públicamente que lo echaba de menos.

La muerte de Senna ha sido la última de un piloto de Fórmula 1 en un accidente en un circuito. El fin de semana de la desaparición de Senna fue el Gran Premio más problemático y trágico de este deporte. Un caos de accidentes y tragedia que empezó el viernes con el espeluznante accidente de un joven Rubens Barrichello: se salió de la pista impactando contra una grada vacía al tratrase de los entrenamientos libres. Quedó sin conocimiento durante varios minutos pero sobrevivió. No tuvieron más suerte los siguientes. El sábado, Roland Ratzenberger rompió el alerón de su coche y perdió el control de su monoplaza y murió al poco de estrellarse. Todo cambió en ese momento para Senna. La mirada perdida dejaba intuir una sensación de tristeza e inseguridad totalmente justificada: el miedo a lo desconocido. Con la salida de la carrera el domingo, la situación no mejoró: 3 salidas fueron necesarias. En la tercera no partió ya Ayrton Senna, moribundo en Tamburello al estrellarse a más de 200 km/h contra el muro. Senna la película es una de las mejores formas de acercarse al mejor piloto que ha existido.

Pero el espectáculo no paró. La carrera se relanzó y ganó Michael Shumacher. Al fin y al cabo tampoco se suspendieron los partidos de la Champions League tras los atentados del 11-S. El negocio es el negocio. Y no existía Twitter.

Aprendiendo a base de tragedias, la seguridad se ha incrementado notablemente desde que Senna nos dejó, hasta niveles que rozan el milagro como en el accidente de Robert Kubica hace unos años en Canadá.

Un talento natural irrepetible, exigente y ambicioso que difíclmente veremos más en el mundo de la Fórmula 1 por la evolución de la tecnología y las ayudas electrónicas. La mística habrá que buscarla en otros sitios.