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Antonio Vega: ese chico triste y solitario

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Para los mitos no pasa el tiempo una vez desaparecidos. Aunque en vida parecieran, muchas veces, más muertos que vivos. Es una de las señas de identidad de las figuras del mundo del espectáculo. Aunque ellos desaparezcan de la faz de la tierra, sus creaciones y obras siguen vivas.

Antonio Vega debe haber sido el único artista al que se le ha dedicado un disco póstumo estando todavía vivo, conscientes de la delgada línea que le unía a la vida. Antonio Vega, ese chico triste y solitario, fue publicado en 1993, 15 años antes de su muerte real, y reunió a lo más granado de la música española. Rosendo, Los Secretos, Gabinete Galigari, Ketama, Mamá, Duncan Dhu y un largo listado de grupos. El título no podía ser más acertado porque esa es la imagen que, casi siempre, transmitía Antonio. Desde sus inicios en Nacha Pop hasta su carrera en solitario.

Esta semana se estrena un documental sobre su vida, Tu voz entre otras mil, de Paloma Concejero. Una radiografía de su vida, de sus luces y sus sombras, en la que participa ampliamente su familia aunque no haya quedado contenta con el resultado al poner el dedo en la llaga de su adicción a las drogas. Pero esa adicción formó parte de su vida junto con la música. Era imposible obviarla. Nadie lo hizo porque nadie podía negar la realidad. Ni su familia, ni los fans que acudían a ver sus conciertos ni los camellos a los que frecuentaba y a los que debía dinero. El mismo tampoco se ocultó ya que en charlas con periodistas lo admitía tranquilamente. Y mejor que nadie, sus distintos y diversos compañeros de banda.

Una vida de autor. De autor maldito con una facilidad asombrosa para componer himnos y canciones atemporales de sentimientos. Una especie de orfandad física, solo yo y nadie más que yo, que le permitía captar y expresar su mundo interior en una canción de 4 minutos. Su Chica de ayer acabó convertida en el himno de la Movida en los años 80 y Antonio Vega como un superviviente de esa época y de sí mismo. Siempre viviendo al límite, aislado de todos y de casi todo, pero capaz de componer unas canciones llenas de dolor, sensibilidad y profundo sentimiento. Una décima de segundo, El sitio de mi recreo, Azul, Lucha de gigantes o Se dejaba llevar por ti, dan perfecta muestra de ello. Parece como si una existencia plácida y feliz incapacitara para crear composiciones llenas de sentimiento y alma. Como si fuera necesaria una vida atormentada para poder expresar mejor esas vivencias. En resumen, como un poeta maldito pero armado de una guitarra.

Las diferencias de estilo entre Antonio y su primo Nacho García Vega fueron una de las causas principales de la separación de Nacha Pop en 1988. Músico intimista uno y otro partidario de un pop más directo y menos trascendente.

Su carrera en solitario explora esa vena más introspectiva. Él es el dueño de su destino y elige el camino a seguir. Los demás, si quieren, detrás de él. Sus mejores composiciones, aunque la gloria se la lleve su Chica de ayer, están en su carrera en solitario. Unas canciones intimistas y llenas de delicadeza que no pueden dejar indiferente a nadie.

Pero como dijo uno de sus músicos, también fue nuna persona muy consentida. Todo lo podía hacer cuando y cómo quisiera. A pesar de su mala salud y diversas adicciones nunca dejó de actuar y ofrecer conciertos, algunos de ellos lamentables, no solo por su aspecto sino por su olvido de las letras y escasa calidad sonora. Es lo que tienen los genios. Se les suele perdonar casi todo. Su camino a la autodestrucción nunca paró pero si encontró momentos de relativa calma. Especialmente el apoyo de Margarita del Río, su compañera que falleció unos años antes que él. Y un disco de homenaje para ella: 3.000 noches con Marga.

Lo más interesante de las canciones de Antonio Vega es que podrían referirse a cualquier cosa y a nada en concreto. Canciones atemporales que tanto podrían ser autobiográficas como inventadas, historias personales o prestadas por otros. Y, como siempre, la heroína asomando por detrás de su vida. Solo admitió una canción refiriéndose a la heroína: Se dejaba llevar por ti. Parece que eso le ocurrió a él mismo.