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Los mejores amantes no tenían “herramienta”

¿El tamaño importa? En cierta época de la historia europea, las damas los preferían castrados. En el siglo XVIII el grito más común en los escenarios era también el más común en las alcobas de las mujeres más progres de Europa: “¡Viva el cuchillo, el bendito cuchillo”. Era la época de los castrati.

Mejores cantantes, menores amantes

Los castrati fueron concebidos como la mejor estirpe de cantantes de Opera, e impulsados por la prohibición papal de que las mujeres cantaran en iglesias y escenarios en el siglo XV. La castración les daba al mismo tiempo una “combinación antinatural de tono y potencia, al emitirse las notas altas de un muchacho prepubescente desde los pulmones de un adulto”. Pero esa no era su único atributo. En su momento, unas cuantas decenas de los 4.000 niños que se sometían al año al corte de los conductos de sus testículos llegaban a ser veneradas estrellas del canto, a la altura de los actuales cantantes de rock. Incluso a la altura de sus estatus como amantes.

El mejor anticonceptivo

Aunque la mayoría de los castrados sufrían efectos físicos secundarios (desarrollando rasgos andróginos y ausencia de libido), unos cuantos se desarrollaban normalmente y podían mantener erecciones.

El atractivo que se sumaba a estos cantantes era que no podían embarazar a nadie. Poco a poco, los castrati se cubrieron de un halo de leyenda: canciones y relatos hablaban de su resistencia y de su potencia como amantes, amén de que permitían aventuras discretas sin consecuencias.

Como dijese una de sus seguidoras: los castrati no tenían “un espíritu en modo alguno embotado, y de un bulto que no es diferente del de otros hombres”.