Padres

Cómo afrontar las vacaciones familiares

Family going on holidays

El verano es una época de dispersión a todos los niveles. Nuestra rutina se altera y combinamos el ocio, el trabajo y las relaciones personales en una especie de vorágine que no abandonamos hasta bien entrado el mes de Septiembre. Y debemos saber conjugar todos los aspectos de nuestra vida, incluidas las vacaciones familiares, si las circunstancias nos permiten disfrutar de ellas.

En otras ocasiones abordamos distintas posibilidades para poder disfrutar de un verano alternativo a un precio económico, sin grandes salidas pero haciendo cosas distintas a las habituales como forma de dispersión y expansión del ocio. Pensando, principalmente, en los hijos. El verano puede hacerse muy largo y hay que saber adaptarse a cada tiempo y momento.

Lo principal a la hora de planificar las vacaciones familiares de verano es hacerlo con tiempo, en la medida de lo posible. Por varias cuestiones,. Una de ellas es la económica. No es lo mismo hacer una reserva pocos dias antes de salir que hacerlo con meses de antelación. La segunda cuestión es elegir el sitio al que queremos ir. Es lo más difícil. Los sitios más clásicos son la playa, en sus múltiples variantes, y la montaña. En cualquiera de estas modalidades tenemos multitud de posibilidades de búsqueda a través de diversas páginas y portales en Internet. Estos sitios ofrecen cada vez más ofertas y con una confianza y calidad mayor que hace unos años. Es lo que tiene la masificación de Internet. A mayor libertad, mayores posibilidades de elección. Otra posibilidad es organizar un viaje fuera de nuestro país para lo cual contamos con las mismas ventajas que en los casos anteriores.

Pero para poder disfrutar de unas vacaciones estupendas, debemos tener en cuenta una serie de factores para saber cómo afrontar las vacaciones familiares. Aunque pueda parecer lo contrario, en muchas ocasiones, las vacaciones pueden convertirse en un foco de estrés incluso superior al laboral. Por eso, no es extraño que muchas separaciones y divorcios se produzcan a la vuelta de las vacaciones estivales.

-Paciencia. Es el factor fundamental para tener una vacaciones tranquilas y festivas. Los hijos tienen unas vacaciones mucho más largas que los adultos y, en otras ocasiones, no coinciden las vacaciones con nuestra pareja lo que da lugar a una reorganización total de los horarios que puede afectar a nuestros planes. Hay que tener en cuenta que siempre pueden surgir imprevistos y debemos estar preparados para adaptarnos a ellos. Hay que aparar los enfados porque no salga todo según lo teníamos planeado.

-Diversificación. Al tener los niños unas vacaciones escolares tan largas, tenemos muchas posibilidades para llenar ese tiempo. Además de las vacaciones en sí mismas con los padres, el resto del verano es largo para pasarlo sin hacer nada. Se pueden organizar días en la piscina, campamentos urbanos con otros niños de su edad o apuntarlos a un campamento de baloncesto. El deporte como diversión, y cómo formación personal, es otra de las posibilidades para un verano feliz.

-Aprovechamiento. Muchas veces podemos educar y formar a nuestro hijos sin que ellos mismos se den cuenta. Para ello es fundamental que se diviertan con lo qué hacen. Si es natural, el aprendizaje lo tomarán como algo divertido y no les supondrá ningún esfuerzo realizarlo. Y querrán más. Es más fácil decirlo que hacerlo.

Intimidad. Si es posible, es bueno poder reservar unos días, aunque sean pocos, para nuestra pareja. Sin hijos. Es una opción para que nosotros podamos descansar de nuestras responsabilidades paternales y para qué los hijos descansen de los padres para encarar el futuro con otros ojos.

A pesar de estos inconvenientes, no debemos impedir que los árboles nos impidan ver el bosque. El verano no deja de ser para los hijos uno de los mejores momentos de su infancia. Es un tiempo de diversión y de ocio que debemos tratar de que sea lo más feliz e inolvidable para ellos. Y qué nos puede servir para estrechar vínculos afectivos con nuestros hijos. Solo tenemos que recordar que nosotros también fuimos niños y ponernos en su lugar. La ocasión lo merece.