Padres

Cómo convertirse en un padre moderno

Boy painting and parents working at home

Con el paso del tiempo y de la historia las sociedades se han ido modernizando tanto en su forma de relacionarse como en sus economías. La tecnología, antes y ahora, ha sido el principal motor de nuestro desarollo y ello ha conllevado un profundo cambio en los estereotipos sociales. Afortunadamente, las mujeres ya no son solo amas de casa o madres y los hombres no se preocupan tan solo de trabajar o producir. La iguladad de derechos entre hombre y mujeres ha sido el fruto de años y años de luchas.

Al progreso económico económico ha seguido el progreso social y las leyes se han ido cambiando para adaptarse a la nueva realidad social. Pero más importante que los cambios en las leyes han sido los cambios en la mentalidad de las personas que han propiciado un mejor y más justo reparto en las tareas de las familias y de las empresas.

Los padres modernos de hoy deben convivir con esta nueva realidad y la necesidad de adaptarse a ella no es algo secundario sino vital. Una familia no es, o no debería ser, cosa de una persona: es un trabajo en equipo en el que la cooperación es esencial. Un hombre que se adapta a estos cambios se comporta y se convierte en un auténtico hombre moderno. Algunas claves para adaptar nuestra mente a esta nueva situación podrían ser:

  • Los hombres de hoy en día no solo se preocupan de trabajar, llegar a casa y tirarse en el sofa a ver la televisión o ir a jugar a fútbol con los amigos. Ser padre es una tarea integral. Ahora, los padres cambian los pañales a sus hijos, los llevan y recogen de la escuela, les preparan la comida y los duchan. En pocas palabras, se preocupan por ellos. Aparte de proporcionarles dinero para su educación o su alimento, se esfuerzan por su bienestar y su cuidado.
  • Las tareas del hogar ya no son ese gran desconocido para el mundo masculino. Lo más habitual, al menos antes de la crisis, era que tanto el hombre como la mujer de una familia trabajaran por lo que las tareas familiares y del hogar requerían de una gran cooperación para no convertir la casa en un caos. No debe ser algo voluntario sino es una obligación que nace fruto de la necesidad. Descargar toda la responsabilidad de las necesidades de la casa en la mujer podría ser algo propio de los hombres de Atapuerca pero no de un hombre moderno. Repartirnos las tareas domésticas, como la limpieza, y la compra deben ser una responsabilidad compartida entre los padres.
  • Los padres modernos se preocupan por el desarrollo y la educación de sus hijos. No se limitan a pagar el colegio o a regañarles cuando hacen algo mal sino que se involucran en su día a día y se convierten en atentos observadores de sus progresos y de sus carencias para tratar de corregirlas. Como decíamos antes, es un trabajo de equipo.
  • Las nuevas tecnologías son una gran ventaja en una amplia variedad de campos pero pueden convertirse en un peligro en la educación de los niños. Un padre actual debe enseñarles como manejar los nuevos dispositivos que entran en sus vidas( móviles, tablets y ordenadores principalmente) pero con cuidado y control. Estas nuevas teconologías los van a acompañar siempre y deben aprender a manejarlas y comprenderlas( las necesitarán en su trabajo y en su vida) pero no debemos negarles la posibilidad de ser niños: la capacidad de jugar con otros niños les permitirá saber relacionarse con otras personas y no relacionarse solo con máquinas. No es lo mismo hablar por whatsapp o jugar a la Play Station 4 que jugar, hablar y divertirse cara a cara con otra persona.

Una de las figuras más tradicionales de un padre es la visión de un padre autoritario. Estaba ausente la mayor parte del tiempo y su principal tarea familiar era, aparentemente, negar cualquier cosa a los hijos. En la actualidad, existe el peligro de convertirse en todo lo contrario y, bajo la apariencia de modernidad, consentir y proporcionar todos los caprichos de los hijos. Eso no es ser moderno sino desentenderse de una educación práctica y correcta de los hijos. Como casi siempre, en el término medio reside la virtud.