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Cómo educar a hijos de padres divorciados

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Los primeros y principales perjudicados de un divorcio o de una separación son los hijos, sobre todo si son pequeños. Si la causa principal de divorcio es el matrimonio, la principal consecuencia de la separación de los padres es el sufrimiento de los hijos. Actualmente, el 40% de los matrimonios celebrados en España acaban en divorcio, una cifra alarmante.

No afecta a todos por igual. Hay padres que se quedan desconsolados tras el divorcio y otros que se muestran eufóricos, como si fuera una liberación. Pero los niños siempre sufren. No entiende lo que puede haber sucedido para que sus padres no vivan juntos y tengan que verlos por separado, aunque sea una separación amistosa. Si el divorcio supone un conflicto violento entre los padres, los hijos pueden ser una especie de rehenes en una guerra abierta. Y siempre serán los principales perdedores. Eso es lo que hay que evitar: impedir que el divorcio afecte a tus hijos. Educar a hijos de padres divorciados es una labor fundamental en el desarrollo normal de los hijos. Lo que muestran muchos y diversos estudios es una serie de rasgos comunes que se repiten en los niños que han vivido la separación de sus padres:

-Estrés: como decíamos antes, los niños no suelen entender el motivo de la separación de sus padres y, en algunos casos, pueden llegar a la conclusión de que son ellos los responsables de la separación. Esta situación les puede crear un complejo de culpa muy difícil de superar o intentar, por todos los medios, una reconciliación entre sus progenitores.

-Peor rendimiento escolar: los hijos de padres divorciados sienten una especie de abandono al perder el contacto continuo con uno de sus progenitores y no tienen el orden familiar previamente establecido. Esta situación la trasladan a otros ámbitos, principalmente el académico. El abandono escolar de niños de padres divorciados es muy superior a los que no lo son. Para impedirlo, estar pendiente de sus necesidades y hacerles ver que pueden confiar en sus padres. Y ayudarles a realizar las tareas y ofrecerse a resolver sus dudas. Es un buen camino para mejorar el rendimiento escolar de los niños.

-Aislamiento: los hijos de padres divorciados tienden a encerrarse en sí mismos y desarrollan una mayor irritabilidad. La falta de comunicación con los padres puede generar una mayor violencia como forma de manifestar su descontento por la situación en la que se encuentran. Tienden a encerrarse en sí mismos. Es importante pasar tiempo con ellos y mostrar interés por las cosas que a ellos le interesan. Además, es interesante fomentar el contacto con otros niños como forma de relacionarse. Actividades extraescolares deportivas por ejemplo. El esfuerzo y el trabajo en equipo que proporcionan la mayoría de deportes puede ser una buena forma de romper ese aislamiento.

-Miedo al rechazo: si un niño ve que sus padres no viven con él puede generarle una sensación de temor al compromiso en el futuro por miedo a experimentar lo mismo que sus padres. Una especie de efecto repetición provocado por la tendencia de los niños de imitar lo que ven que hacen sus mayores.

 

En cualquier caso, no se trata de un proceso inevitable. No es incompatible un divorcio con un desarrollo normal de un niño. Para ello es indispensable un acuerdo entre los padres, sobre todo en el régimen de visitas. Un primer paso fundamental es explicarle a los hijos lo que ocurre. Muchas veces solemos tratar a los niños como si fueran ciegos y no comprendieran nada. Es un gran error. El vínculo emocional de la pareja puede romperse, la magia y el amor se acaban, pero deben dar paso a un acuerdo que incluya el compromiso de aparcar los conflictos que cualquier separación conlleva en beneficio de no romper la armonía familiar. Por el bien de los hijos. Ése es un vínculo que no se rompe: los hijos perduran aunque el amor entre los padres termine. La familia es para siempre.