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Cómo sobrevivir a un jefe incompetente

Heads or tails?

En estos días inciertos en los que el trabajo es un bien escaso y muy preciado, nuestra motivación profesional puede verse reducida si tenemos unos jefes o superiores a los que no respetamos por su trabajo. En pocas palabras, son unos auténticos incompetentes y son quienes, al menos en teoría, llevan el timón del barco. A buen puerto o directamente contra las rocas o al fondo del mar, pero son los que están al mando.

Hoy en día, la mayoría de empresas se preocupan por el nivel de satisfacción de sus empleados. Encuestas laborales y buzones de sugerencias forman parte del ámbito normal de trabajo en las empresas, sobre todo en las medianas o grandes. Esa preocupación no es algo sorprendente: una masa laboral satisfecha, o no disgustada,crea un buen ambiente de trabajo y tendrá una mayor productividad. Ellos hacen algo por ti y tu lo haces por ellos. Podríamos llamarlo una especie de trueque laboral. La felicidad del empleado se traduce en mayores beneficios para la empresa. No solo las personas somos egoístas. Las organizaciones también lo son.

Una cuestión importante que no es suficientemente valorada en el desarrollo de un trabajo, además del salario, es la posibilidad de desarrollo profesional. No se trata solo de realizar una actividad repetitiva un dia tras otro sin hacer nada más. Toda persona tiene, o debería tener, una ambición legítima de buscar un mejor puesto de trabajo y esta esperanza se frustra, habitualmente, al darnos cuenta de que nada de lo qué hagamos nos puede servir para ascender profesionalmente en nuestra empresa. Hay varias señales a las que debemos hacer caso para tratar de sobrevivir a un jefe incompetente:

-Un jefe incompetente ejerce de tapón en nuestra empresa. No se trata solo de que no haga bien su trabajo sino de que tiende a rodearse de personas como ella que no le hagan sombra y sirvan para tapar sus carencias. La inutilidad en el escalón más alto de la jeraquía acaba en los escalones más bajos, ya sea en ascensor o por las escaleras. Para evitar roces innecesarios, es fundamental concentrarte en tu trabajo y no tratar de mejorar algo que no depende de ti.

-Si existen cauces para expresar quejas, de forma anónima preferiblemente, no dudes en hacerlo. Nunca sabemos dónde pueden llegar nuestras quejas y si hay responsables superiores dispuestos a investigar las denuncias que les llegan. Si ven que el descontento es generalizado, es posible que puedan interesarse por la situación de los empleados. Si son ellos los que han elegido a nuestros jefes, esta estrategia no servirá de nada.

-La forma de acceder al poder dentro de una organización tiene mucho que ver en el desarrollo posterior de su cargo. Una persona que accede a su puesto de poder por enchufe o elección digital, dedazo, tiene más posibilidades de ejercer su cargo de forma déspota. Sabe mejor que nadie que no ocupa su cargo por méritos propios así que tampoco se preocupará mucho de mejorar su rendimiento y actitud con los empleados subordinados. Ante esta situación lo mejor es intentar pasar desapercibido.

-Evitar broncas o discusiones inútiles. Se trata de ser productivo y no crear mal ambiente en tu entorno de trabajo. Una sonrisa a tiempo te evitará males mayores. Pero tampoco se trata de ser pasivo. Ante situaciones intolerables o descalificaciones personales no hay que esconderse: no es bueno poner la otra mejilla ante este tipo de momentos porque en el futuro te pueden machacar emocionalmente: si cedes una vez en cuestiones fundamentales, es muy probable que vuelvas a hacerlo.

-Hay que ser muy cuidadoso con todo lo que digamos con nuestros compañeros de trabajo. Salvo que estemos en una compañía absolutamente confiable, no debemos exhibir nuestro descontento con nuestros superiores porque los jefes inútiles suelen tener muy buenos espías entre los propios compañeros que les informan sobre lo que se dice sobre ellos. Una especie de Gestapo o Stasi laboral ante la que debemos estar muy atentos.

Aunque sea difícil, es importante saber distanciarnos mentalmente y controlar nuestras emociones en el trabajo para poder sobrevivir a nuestros jefes incompetentes. Suelen ser personas inseguras y poco preparadas para el cargo que ocupan. El sentimiento de inferioridad que tienen les puede llevar a ser crueles con los subordinados y crear un ambiente hostil en el trabajo que haga la atmósfera irrespirable. Pero debemos ser más inteligentes que ellos, no suele ser difícil, y no caer en sus provocaciones y trampas.