Padres

Cómo tener una buena comunicación padre-hijo

Happy Family of Four Lying Down on Grass

Las relaciones son complicadas. Todas sin excepción. Ya sean laborales, sentimentales o educativas. Una relación entre padre e hijo tiene mcuhas y variadas etapas. No es una relación lineal sino que se produce una evolución lógica con el paso de los años en la que influyen múltiples factores. De los padres y de los hijos. Y no existen manuales aunque nunca faltarán los charlatanes de turno que tienen la respuesta correcta para todo. Ya saben, vivimos en un país de tertualinos.

Los hijos al nacer son totalmente dependientes de los padres. No pueden valerse por sí mismos ni actuar de forma alternativa a lo que le dicen. Es normal, están por formarse y sus necesidades en los primeros meses de su vida son, básicamente, funcionales: alimentarse y sentirse seguros. Unas necesidades básicas cuyo cumplimiento es deber de sus padres. No debes traer niños a este mundo sino vas a velar por sus intereses. Tener una buena comunicación padre-hijo no es algo que podamos adquirir en poco tiempo ni que podamos memorizar com osi preparamos un examen. Es un proceso largo que nunca acaba y en el que puedes aprender mucho. Sí. Los padres también pueden aprender de sus hijos.

La comunicación en esta primera etapa entre padres e hijos no pasa más allá de gestos y caricias. Conforme los niños van creciendo, la comunicación empiaza a cambiar. A los gestos se unen las palabras y las acciones. Los niños empezarán a pedir cosas e, incluso, a reclamarlas. Es importante que desde chicos aprendan que no pueden conseguir todo lo que pidan. Un no puede ser bueno de cara al futuro ya que les marcará una dosis de firmeza por parte del padre que no tiene que ser autoritaria. Aunque no lo creamos, los niños pequeños son capaces de razonar si les explicamos bien las cosas. Y cuánto antes mejor.

El autoritarismo es un tama tabú en la actualidad. Los padres tiene miedo de imponer su autoridad y quedar como los malos de la película en relación a sus hijos. Sobre todo si son padres divorciados. En ese instante, el padre corre un gran riesgo ya que puede tratar de competir con su expareja en consentir todos los caprichos de los hijos con tal de que no le tachen de anticuado o autoritario. En lugar de autoritario se convierte en algo innecesario porque si algo distingue a un padre es su posición de autoridad respecto a su hijo. Además, para los caprichos ya están los abuelos.

A diferencia de las madres, por regla general los padres suelen ser más directos en la relación con sus hijos. Para lo bueno y para lo malo. Antigüamente, la presencia de los padres en la vida diaria de sus hijos era escasa. Una comunicación muy pobre que consistía en poco más que las migajas que el padre podía ofrecer después de su jornada de trabajo. Castigos y premios en una especie de contrarreloj en la cena o cuando llegaban las notas del colegio a casa. Afortunadamente, eso ha cambiado. Hoy en día existe una mejor conciliación vida laboral y familiar que permite una comunicación y una relación más prolongada en el tiempo y de mayor calidad. También podemos aprovechar las ventajas de las nuevas tecnologías. Ya existen empresas que ofrecen la posibilidad de trabajar algún día desde casa.

El padre ya no es un extraño que aparece ocasionalmente en la vida de su hijo. De esa manera, el padre deja de ser ese extraño que solo aparece a la hora de la cena y no puede participar en el desarrollo y educación de su hijo. La comunicación entre padre e hijo es bidireccional y no unidireccional. Así, todos salimos ganando.