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Cuarta temporada de Juego de Tronos

at  "An Evening with The Game of Thrones" hosted by the Academy of Television Arts and Sciences

Las historias de ficción y de ciencia ficción ocupan una parte muy importante de la industria del entretenimiento. Tradicionalmente reservado para la gran pantalla, la época dorada de las series de televisión ha posibilitado el salto a todos los hogares de historias fantásticas, con mayor o menor acierto, que nos permiten disfrutar de buenas y fantásticas historias sin salir de casa.

En épocas de crisis la demanda de este tipo de historias es aún mayor. Ante la incertidumbre ante el futuro y el estrés de la vida diaria, las ficción nos permite evadirnos de nuestra rutina y soñar con historias que nos alejen de la realidad.

El estreno la semana pasada de la cuarta temporada de Juego de Tronos colapsó los servidores que la cadena HBO había dispuesto para su visionado online. A pesar de ser una serie muy exitosa, la demanda superó con creces la capacidad de la web de HBO y el servicio se interrumpió. Un dato más que evidente del ansia con la que se esperaba esta nueva temporada. Un fenómeno mundial que recuerda al vivido hace algunos años con la serie Lost (Perdidos): la serie más descargada de la historia( hasta el momento).

Juego de Tronos es una serie basada en las novelas de Canción de Hielo y Fuego escritas por George R.R. Martin. Las novelas, al igual que la serie, lo tiene todo para destacar y convertirse en objeto de culto. Intrigas, luchas por el poder, muerte y dolor, amor y sexo explícito. Una combinación de éxito seguro. A pesar de la presencia de escenas de sexo, no se trata de una serie concebida únicamente para mostrar carne y conseguir audiencia fácil. Es mucho más que eso y, aquí, el sexo se integra como un componente más de la trama. Y con acierto. No es casualidad que entre sus protagonistas, exista una antigüa actriz porno, Sibel Kekilli, reconvertida en actriz convencional.

La ambientación de la historia es un mundo ficticio que bien pudo haber existido en el pasado. De hecho, se puede observar algún tipo de reminiscencia de la Edad Media en Europa en su sistema de organización. No van a encontrar un sistema justo ni democrático, obviamente. Pero la lucha de poder es poderosa. No es el primer caso de adaptación de novelas fantásticas que crean un mundo propio que se trasladan a la pantalla. Peter Jackson adaptó la colosal El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, de la que bebe Martin, en una trilogía colosal llevada al cine y que trasladó el universo de Tolkien a la gran pantalla con enorme acierto. Y pensar que hace años éramos cuatro gatos los que habíamos leido el libro. Eso da que pensar sobre el poder del cine y la televisión.

Otra cuestión que da que pensar es la diferencia entre las series que se realizan en Estados Unidos y las que tenemos en España. Una diferencia tan trágica que puede llevar a preguntarnos: ¿ Por qué las series españolas son tan malas?. La respuesta fácil sería decir que es por falta de talento. Pero no es verdad. Hay talento en España para producir y realizar series buenas. La diferencia es el canal por el que se ofrecen. Televisiones de pago en Estados Unidos frente a televisiones comerciales y gratuitas en España. Si a eso unimos el éxito que tienen en nuestro país los programas de cotilleo y de contenido rosa tenemos el cuadro completo.

Si quieren entrar en un mundo nuevo y fascinante, no duden en ver Juego de Tronos. El mejor reflejo de la sociedad actual lo pueden observar en una serie de ficción ambientada en un mundo fantástico, que no existe. Y podrán disfrutar de Lena Headey. Incluso con ropa.