Sex and Life

El auge del sexo liberal

beautiful couple in bed with sex toys

Uno de los mayores motores que mueven el mundo es el sexo. No es algo que sea exclusivo de nuestro tiempo. Desde los inicios de la humanidad ha sido uno de los principales factores que han movido a las personas en su vida. Y no solo hablamos de la gente corriente y su búsqueda de placer.

Grandes líderes mundiales, de cualquier época, han sido auténticos depredadores sexuales a los que nada ni nadie ha detenido en su afán de sexo. Lo querían a cualquier precio y de cualquier modo sin importar el daño que podían hacer a su matrimonio o a la imagen de su cargo. Berlusconi y sus bunga bunga, Bill Clinton con su becaria, Dominique Strauss Kahn y su larga lista de escándalos o el Rey Juan Carlos I por resaltar solo unos ejemplos. Izquierda y derecha, monárquicos y republicanos. En este tema, no hay distinciones.

Para el común de los mortales funciona exactamente igual. El sexo es algo que tenemos permanentemente en el pensamiento y los medios de comunicación se encargan de que no lo olvidemos, principalmente, a través de la publicidad. Cualquier excusa es buena para vender un producto mediante un anuncio con una importante carga sexual. Los publicistas lo saben muy bien. El sexo vende.

Sin embargo, lo más novedoso en la industria sexual de los últimos años es la proliferación de locales dedicados al sexo. No nos referimos a los clásicos clubs de alterne ya que no hablamos del mundo dedicado a la prostitución sino a los clubs y locales de intercambio de parejas, también llamados swingers o clubs liberales. La revolución sexual iniciada años atrás encuentra su mejor exponente en el mundo de las tecnologías en el auge de este tipo de locales. Y la llegada de nuevas generaciones con menos tabúes y prejuicios con respecto al sexo y su disfrute lo convierten en un mercado en continua expansión y sin techo aparente o cercano.

Un mundo nuevo donde el sexo es la principal fuente de diversión y que atrae a un mayor número de personas cada vez ansiosos de vivir nuevas experiencias o superar alguna mala fase de su relación de pareja. O simplemente, parejas que buscan placer. Es importante destacar que, a pesar de las apariencias, en este tipo de clubs no puede entrar cualquiera. Además de, lógicamente ser mayor de edad, no puede acudir una persona sola: debe hacerlo en pareja. Y una vez dentro no hay más reglas que el respeto (un no es que no) y dar rienda sulta a las fantasías.

A este tipo de locales de intercambio acude gente de todo tipo. Amigos que van en pareja, parejas ya consolidadas y matrimonios. Internet supone un buen punto de encuentro y de promoción. Las páginas y las redes sociales han incrementado notablemente la afluencia a estos locales que ya superan el centenar en España.

Las prácticas de las parejas liberales que visitan estos locales son de lo más variadas. Empezando por el sexo tradicional en pareja mientras eres observado por otras personas, pasando a tríos, intercambios de parejas o, directamente, orgías. Todo está permitido con respeto. Y, como es fácil deducir, apenas se habla. Una mirada o una caricia es suficiente para iniciar un contacto y, a partir de ahí, la imaginación es libre. Todo adornado por unos medios cada vez mejores. Muchos locales cuentan con piscinas dentro o jacuzzis además de habitaciones y salones específicamente diseñados para el goce de las parejas o grupos. Camas redondas, esposas, látigos, vibradores y cualquier tipo de juguetes son bienvenidos.

Afortunadamente, quedaron atrás otros tiempos en los que todo lo que tuviera que ver con el sexo o las relaciones sexuales se consideraba pecado o enfermo. La normalidad sexual va ganando terreno a la intransigencia o a los moralismos trasnochados.