Padres

¿ Es posible la confianza entre padres e hijos?

Meeting of young pair with parents.

La relación entre un padre y su hijo es una de las más estrechas e importantes que una persona desarrolla a lo largo de su vida. Y lo más especial es que toda persona que es padre, experimenta los dos lados de la ecuación. Todos hemos tenido padre, mejor o peor. Es una ventaja a la hora de aprender de los errores, o de los aciertos, que nuestros progenitores cometieron con nosotros y poder educar mejor a nuestros hijos.

¿ Es posible la confianza entre padres e hijos?. Ésa sería la primera cuestión a tratar. No existen dos padres ni hijos totalmente iguales así que no existen manuales sobre cómo crear confianza dentro de la familia. Esta confianza en el núcleo familiar proporciona a los miembros más pequeños la posibilidad de obtener la seguridad necesaria para su educación y desarrollo emocional. No es lo mismo vivir en un ambiente familiar tenso donde no se puede confiar las dudas, miedos o tristezas a los padres que en un ambiente donde poder confiar nuestros anhelos y dudas a unos padres que nos escuchan y se preocupan por nosotros. En pocas palabras, tener unos padres que hagan algo más que castigar a los hijos si no hacen lo que les dicen.

En los primeros años de su vida, los hijos son totalmente dependientes de sus padres. Para cualquier tarea: alimentarse, vestirse o protegerlos. Es una tarea que ocupa las 24 horas del día. En esos años, la confianza de un hijo en su padre suele ser ilimitada, salvo casos extraordinarios y maltratos. Con el paso de los años, un hijo ya no ve a su padre de la misma manera. Si antes lo veía como un ser superior que nunca se equivoca, ahora esa confianza en su infalibilidad se va perdiendo. Es algo inexorable y ley de vida. El paso a la adolescencia es crucial en ese camino irreversible. Pero no significa que no puede existir una relación de confianza correcta entre un padre y su hijo. Simplemente, cambia la forma pero no el fondo de la cuestión.

La adolescencia es un punto de ruptura en la vida de una persona. Ya no se es un niño pero tampoco eso te convierte en un adulto. Lo que se vive es un vaivén emocional y de sentimientos que nos hace cambiar muchas veces de gustos, opiniones, apariencia y amigos. Los hijos dejan de mirar a sus padres como un referente constante en su vida. Es importante dejar que cometan sus propios errores ya que de ellos se extraen las mejores conclusiones de cara al futuro. Errores no definitivos ni determinantes, lógicamente. Además, si les diéramos nuestra opinión, tampoco nos harían caso, seguramente. Es la época de la rebeldía.

En esta época de su vida, la confianza entre padres e hijos se puede lograr de otra manera. Se trata de conseguir un equilibrio emocional en momentos en los que la conducta de los hijos es variable y totalmente impredecible. Hay que saber ser firmes y flexibles al mismo tiempo. Algo, en principio, ilógico e incoherente pero que no lo es. Hay que ser firmes en las cuestiones importantes y flexibles en los detalles. Y tener capacidad de adaptación. Aunque no seamos capaces de verlo correctamente, nuestro hijos han crecido. Ya no es un niño pequeño que nos sigue en todo lo que hagamos. Debemos tratar de animarles en sus objetivos y en las cosas que le gustan. La adolescencia pasará como pasan las noches de tormenta y el hijo volverá a buscar en su padre el referente y la guía necesaria para afrontar las dificultades de la vida. Y si no, siempre podremos regalarles una aplicación para el móvil que hable de hijos responsables.