Emprendedores

Fracasar no significa una derrota

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Se ha sobrevalorado el mérito de acertar, de dar en el blanco, de tener éxito con facilidad. Lo que verdaderamente nos enseña en la vida es el fracaso. Y en la otra cara de la moneda, se ha depreciado lo que verdaderamente vale el fracaso como experiencia, como ajuste de cuentas de la vida, como aprendizaje profesional.

¿Señales de que hay que dejar la empresa? No: signos para insistir en ella.

Fracasar no es malo. Lo cierto es que a pesar de la mala prensa que tiene el fracaso, y dejando de lado sus obvias implicaciones económicas y laborales, intentarlo y fallar es una gran herramienta para acercarnos a la madurez como profesionales.

Fracasar no es una derrota. Fracasar nunca es el estado final de un profesional o de una empresa. Fracasar es sólo un paso atrás, y debemos estar agradecidos de que exista. Un fracaso, por regla general, no  implica caer al fondo del pozo, sino regresar a la línea de partida.

Fracasar nos limita, pero no nos reduce. Al volver al punto de partida, es cierto que habremos gastado recursos y tiempo, pero tendremos una mayor experiencia. Algo que en términos profesionales es invaluable. ¿De qué manera conocer el estado de un proyecto si no es en el terreno normal?

Fracasar es el más valioso laboratorio para productos y servicios. Fracasar nos permite sobrevivir, y hacerlo nos deja en el punto de partida, pero con una visión más plena de lo que se necesita para triunfar, de lo que los clientes y socios desean de nosotros.

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