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La muerte de Philip Seymour Hoffman

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No es el primero. Ni será el último. La leyenda negra de Hollywood se cobra una nueva víctima en la figura del actor Philip Seymour Hoffman. Otro gran actor que se nos va por culpa de las drogas y la mala relación con la fama. En su caso incluso antes ya que reconoció que en su época universitaria consumía todo tipo de drogas. El malditismo que rodea al mundo del cine se cobra una nueva víctima en el perfecto vecino y en el más cruel malvado en el que era capaz de convertirse este monstruo de la interpretación. Camaleónico en todo.

No era tan conocido para el gran público como otras estrellas del cine muertos prematuramente a causa de las drogas. Y no es tan joven como Heath Ledger, James Dean, River Phoenix o John Belushi por lo que no va a dejar un cadáver bello y exquisito al gusto de los parámetros del mundo de la farándula. Al contrario que ellos, su talento no residía en combinar una buena presencia física con una aceptable interpretación. Al contrario, su figura rechoncha y pelo casi blanco le podía hacer pasar prácticamente por cualquiera y su talento interpretativo era descomunal. En la muerte de Philip Seymour Hoffman hay dos características comunes a la muerte de otros personajes famosos: soledad y drogas. Nunca están solo salvo para morir.

Ganador de un Oscar en 2005 por su actuación en la biografía de Truman Capote, tan realista que parecía que había resucitado el escritor. Rara vez los Oscar han hecho justicia con los premiados pero no fue en esta ocasión. No fue la única producción en la que destacó. Actor fetiche del director Paul Thomas Anderson con el que trabajó en Boogie Nights, acercamiento al mundo del porno, Magnolia y The Master. Pero su registro es mucho más amplio: desde cintas de circuitos más alternativos como Happiness o el Gran Lebowski de los hermanos Coen pasando por títulos destinados a grandes registros en las taquillas como Los Juegos del Hambre con la estrella en alza Jennifer Lawrence o Misión Imposible III. Secundario o de actor principal. Muchos actores preferían que fuera el princpal porque si no les hacían desaparecer de la escena y llenarla con su presencia.

Un hombre tímido, alejado de la prensa a la que rara vez soportaba y con un aspecto bastante descuidado en los últimos meses como mandando un mensaje de ayuda ante sus problemas. La carnaza de la prensa del corazón y los cotilleos cibernéticos están de enhorabuena: tienen más basura para alimentar a las fieras. Porque en eso se ha convertido este mundillo. Si le perseguían para entrevistarle, ahora disponen de barra libre en Internet para fantasear con todo tipo de detalles escabrosos acerca de su muerte. El público lo demandará y conoceremos hasta la ropa interior que llevaba puesta cuando murió. Y sin tener en cuenta a los hijos que deja atrás.

No pudo resistir la tentación y murió, aparentemente, por una sobredosis de heroína en la mañana del pasado domingo. 20 jeringuillas y 50 papelinas de heroína encontradas en su apartamento quedan como testimonio de su recaída en mayo de 2013. Solo queda dilucidar si se le fue la mano o ha sido un suicidio. La muerte de Philip Seymour Hoffman deja dos huecos muy difíciles de cubrir: uno en su familia al dejar tres niños pequeños. Otro en el cine. Con él se va el mayor talento de su generación.