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La Revolución de Google Car

Alluring female driver in retro car

El coche sin conductor está cada vez más cerca. Y, cómo no podía ser de otra manera en nuestra era, Google está detrás del proyecto más destacado para llevarlo a la realidad. Por delante, incluso, de los propios fabricantes de automóviles lo cual no deja de ser curioso. Alguien ajeno al sector, adelantándoles por la derecha y con línea continua. La conducción autónoma era, hasta hace poco, algo más propio de las películas y relatos de ciencia ficción.

La revolución de Google Car, y de otras empresas, tiene como misión la de que los coches pueden conducirse sin la intervención directa de un conductor con todo lo que ello conlleva. Entre su ventajas más relevantes estaría, sin duda alguna, en el transporte de cargas , principalmente en entornos cerrados ya que la legislación actual no permite su circulación en carreteras convencionales. Imaginen un hotel que pueda recoger a sus clientes que no conozcan cómo llegar hasta él o un centro comercial que pudiera hacer lo mismo. Se trata de una conducción teledirigida controlada por un ordenador que transmite todas las órdenes necesarias para su funcionamiento y movimiento: mover el coche evitando obstáculos como otros automóviles o personas, frenar o acelerar estaría entre sus funciones. Algo muy similar al piloto automático de un avión.

El experimento de Google está teniendo mucho eco en estos últimos días gracias a la conferencia Rec/Code que tiene lugar en California. Pero no arranca ahora. Su inicio habría que situarlo en el año 2009 como un experimento más con el objetivo de comprobar si un coche podía circular de forma autónoma y sin percances sin una persona que lo manejara. El director de este proyecto para google es Chris Urmsom y la idea es que esté disponible para el público en dos años, empezando en Estados Unidos en Nevada, California y Florida que ya han adaptado sus legislaciones.

Pero no es oro todo lo que reluce. Ya lo decía Aragorn en El Señor de los Anillos. El conductor no tiene qué hacer nada para conducir el coche. Pero, ¿ cómo se gestiona el miedo?. El ordenador que va a dirigir el coche no entiende de emociones y no puede deducir una situación de peligro qué sí puede sentir un conductor. Tampoco se sabe cómo se puede reparar y qué hacer en caso de accidente. Los detalles son importantes y la experiencia humana previa es lo que posibilita la implantanción con éxito de una conducción totalmente autónoma.

La fabricación la hará Google directamente sin recurrir a fabricantes externos lo que puede motivar problemas con los fabricantes de coches. Su funcionamiento será sencillo. Dispondrá de unos sensores de movimiento y cámaras que se dedicarán a captar todo aquéllo que pueda influir en el desplazamiento del coche: otros automóviles, personas y árboles, por ejemplo. Su velocidad estará limitada, al principio, a 40 km/h y la autonomía inicial será de 160 kilómetros.

Otro hándicap importante para su desarrollo son los mapas y el tráfico. Google ha hecho muchas pruebas pero su fiabilidad se reduce, de momento, a vías ya exploradas por coches conducidos por personas y con unos mapas totalmente exactos. Es decir, no podemos dejarlo en una carretera nueva sin explorar anteriormente. Y en lo relativo a la cuestión del tráfico, Google ya movió ficha. En Junio de 2013 adquirió la empresa israelí Waze que se dedica a desarrollar una aplicación de mapas que permite a los teléfonos inteligentes acceder en tiempo real a información relativa al tráfico, incidencias en el mismo, puntos negros de acccientes así como rutas comerciales. El todo en uno de la conducción.

El futuro está cada vez más cerca y los cambios son más profundos y rápidos de lo que lo han sido nunca. Solo falta que la visión de la película Regreso al Futuro se haga realidad y los coches puedan volar. Y si suena de fondo Michael Jackson de fondo, mejor que mejor.