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La última galopada de la Saeta Rubia

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No es fácil hablar de un mito, sobre todo si acaba de morir. Hace dos días ha fallecido en Madrid, a la edad de 88 años, Alfredo Di Stéfano, símbolo del madridismo y del inicio del fútbol como deporte de masas a nivel mundial. El español que nació argentino en Barracas, Buenos Aires, nos ha dejado para no abandonarnos nunca: quedan la memoria y la videoteca para recordarlo. Nos deja en pleno Mundial de fútbol antes de la humillante derrota de Brasil ante Alemania, 1 a 7. Todo un símbolo. Cómo si los alemanes quisieran despedir cómo merece a uno de los iconos del siglo XX.

Su llegada al Real Madrid procedente del Millonarios colombiano en 1953 en unos años en los que el gran dominador de la Liga española era el F.C. Barcelona con quién compitió por conseguir el fichaje de Di Stéfano. Hasta su llegada, 20 años llevaba el Real Madrid sin ganar la Liga. Con la Saeta Rubia el equipo blanco empezaba a construir su leyenda: ganó 8 de las siguientes Ligas y 5 Copas de Europa de forma consecutiva. No era Di Stéfano un delantero típico para la época. No era solo un rematador sino que era capaz de jugar por todo el campo. Capaz de estar y llegar por sorpresa al área. Algo habitual en el fútbol moderno pero revolucionario en aquéllos años. Era un futbolista total, lider dentro del campo y en el vestuario. Una figura al servicio de un equipo con un apetito voraz para marcar goles y que su equipo gane. Y con malas pulgas si las cosas no salían como el quería. En resumen, un ganador nato.

La Saeta Rubia es uno de los grandes mitos del mundo del fútbol, al nivel de Pele, no solo por sus goles y triunfos sino por su trascendencia social. Ésa es una de las principales características de un mito del deporte: son capaces de trascender el ámbito deportivo e interesar a otros públicos distintos. En el caso de Alfredo Di Stéfano, protagonizó dos películas. La Saeta Rubia, donde se interpretaba a sí mismo y en la que sonaba un chotis en su honor y La Batalla del domingo, también sobre su vida compartiendo pantalla con actores tan conocidos como Manuel Alexandre, Manolo Gómez Bur y Mary Santpere.

Pero el suceso más destacable ajeno al deporte en el que se vió envuelto fue un secuestro de dos días en Venezuela. En Agosto de 1963 el Real Madrid acudió a Caracas para jugar una especie de Mundial de Clubes. Allí fue secuestrado por un grupo terrorista local, el Frente de Liberación Nacional, que protestaba por la situación política de su país. Utilizaron su fama como un mecanismo de proyección pública para dar a conocer sus reivindicaciones. Y qué mejor propaganda que secuestrar a un jugador de fama mundial.

Ganador de 5 Copas de Europa en un equipo español mientras España vivía bajo una larga dictadura con los efectos de la Guerra Civil bien visibles todavía. Con el liderazgo de Alfredo Di Stéfano, y Santiago Bernabeú en la Presidencia, el Real Madrid iniciaba un período de hegemonía futbolística que parecía no tener fin. Mientras España vivía aislada políticamente, El Real Madrid aplastaba a todos sus rivales europeos. El último partido oficial que jugó con el equipo blanco fue la final de la Copa de Europa de 1963 frente al Inter que perdió por 3-1. Luego, dos temporadas más en el Español en el que se retiró para disputar un partido de homenaje con el Madrid.

Si su vida de jugador de club estuvo plagada de éxitos, no podemos decir lo mismo de sus actuaciones en la selección argentina ni en la española. El gran lunar de su carrera es no haber participado en ningún Mundial de fútbol, por causas diversas. Ya nacionalizado español, nuestra selección no consiguió clasificarse para el Mundial de Suecia 1958. Y en Chile 1962, se lesionó en uno de los partidos preparatorios y no pudo jugar ni un solo minuto. Aunque estuvo presente en la concentración.

Tampoco alcanzó el mismo nivel como entrenador de fútbol pero ésa es otra historia. Su aparición fulgurante en el fútbol europeo lo revolucionó todo. El deporte de la pelota, la vieja como él la llamaba, inició un despegue que lo han llevado a lo que es hoy: una máquina de hacer dinero. Su voracidad ganador y su carácter hicieron el resto. Hemos asistido a la última galopada de La Saeta Rubia. Solo recordar sus palabras a un portero de su equipo: No hace falta que pare las pelotas que van dentro pero al menos no meta dentro las que van fuera. Genio y figura.