Los socorristas
Igual que cuando Pam Anderson invadió nuestras pantallas con su voluptuosidad, ahora nos tenemos que enfrentar, al menos los que se atrevan a ir a la playa/piscina, a la dura tarea del socorrista.
Por mor de la vida diaria, la rutina y la costumbre, durante el invierno las temibles lorzas se hacen fuerte en nuestro perímetro abdominal y ahora hacen su presentación en sociedad. Al llegar a la piscina somos como la gamba blanca de Huelva, graciosa pero dura dos minutos.
Es entonces cuando nuestra acompañante se fija en el Adonis que lleva todo el año en el gimnasio (así cualquiera), que luce un bronce de rayos UVA (ya me dirás) y que marcando paquete va guiando a los infantes y cachondeándose de los adultos.
Suele estar en una especie de altar y bajo el mismo se agrupan féminas esperando a que su dios baje de las alturas y les brinde un movimiento caderil en el vestuario. Ellos encantados y nosotros también porque, a pesar de los pesares, nosotros al menos tenemos a una mujer que nos comprende y nos ama todo el año, ellos sólo la adolescente que el año que viene ni se acordará de él.
Ni caso compañero, adelante con los faroles y sin miedo a nada. Socorristas a nosotros...¿de qué?
el 02-07-2008
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