Sex and Life

Masters of Sex: Maestros del buen sexo

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El mundo del sexo está bastante explorado en el mundo del cine, la televisión y la publicidad. Eso por no hablar de Internet. Y no solo hablamos de porno sino de sexo en el sentido más amplio del término. Actos y relaciones sexuales, juguetes, patologías o simple placer. De todo hay y de todo tenemos en este ancho mundo.

Lo que no es tan común es que exista una serie magnífica que retrate el sexo desde los cimientos. Masters of Sex (Maestros del Sexo) explora el estudio de las relaciones sexuales desde el inicio de su expansión a cargo de dos pioneros como el doctor William Masters y la psicóloga Virginia Johnson. Una relación que se inicia en los años 60 y en la que pretendían realizar estudios sobre los comportamientos sexuales de hombres y mujeres que sirvieran para mejorar las relaciones de pareja. Y justo en el inicio de la época de liberación sexual en Estados Unidos.

La serie lleva el sello de calidad de Showtime y se estrenó en Septiembre pasado con un episodio piloto que hace lo que debe hacer todo episodio piloto: presentar la trama y a los diversos personajes que nos van a acompañar en el viaje que nos propone Maestros del Sexo.

Si les gusta Mad Men, encontrarán algunas similitudes con ella. El cuidado de los personajes, la realización casi perfecta y un gusto por los detalles exquisito. Por ser una serie que habla acerca del sexo y de las relaciones sexuales, no cae en la tentación de enseñar carne gratuitamente. No es ése el objetivo de la serie. Además, quién solo quiera carne solo tiene que entrar en Internet y poder explayarse.

A ratos divertida, en otros emocionante, las interpretaciones son lo mejor de la serie. Sobre todo, la pareja protagonista. Una muy lanzada Lizzy Caplan en el papel de la psicóloga Virginia Johnson y Michael Sheen dando vida al doctor Masters, un tipo insoportable y obsesivo pero con una interpretación que te engancha: no pierdes detalle de lo que hace y dice. Un título horrible para una serie pero lo importante es el contenido. Y es muy bueno. Lo curioso es que siendo una serie que trata de sexo, el amor está muy presente en ella. Amor y la falta de él o la frustración ante lo que no comprendemos. Los estudios sexuales de los protagonistas se presentan de manera fría y científica. Pero los personales son terriblemente pasionales con una vida turbulenta. El volcán interior que todos llevamos dentro. Y la presencia del personaje interpretado por Lizzy Caplan contrasta ccon un mundo en el que la presencia de la mujer es nula. Si el sexo es cosa de dos, la mitad de la ecuación quedaba incompleta por los prejuicios de la época. Pero ella no se arredra.

Ahora todo lo relativo al sexo es algo mucho más cotidiano, más frecuente. Pero imagínense lo que tuvo que suponer en una sociedad como la norteamericana, o la europea de entonces, dos personas que se dedican a romper todos los tabúes y prejuicios relativos a la sexualidad. El sexo vivía en una especie de limbo, una jaula dorada de la que todos hablan, pero en privado. No había llegado todavía la hora de su difusión colectiva. Prejuicios todavía existen hoy en día, pero cada vez son más minoritarios. En aquella época, los prejuicios dominaban la escena.

La serie está basada en el libro que escribió Thomas Maier y cuenta entre su reparto, como no podía ser de otra forma, con un miembro de la familia Bridges, presentes en casi todas la salsas. Una lucha por elevar la sexualidad a la normalidad de la vida diaria, tratando, además, de resolver los problemas de pareja derivados de las relaciones sexuales, o la falta de ellas. Una buena terapia en cualquier época de la historia.