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Ocho apellidos vascos

flag of basque on blackboard painted with chalk

Una sorpresa total. No hay mejor definición posible para el fenómeno que está generando en la taquilla española la película Ocho apellidos vascos. Un cine, el español, muy necesitado de películas populares que atraigan al espectador más allá de conflictos comerciales y políticos a los que tan habituados estamos. El cine es entretenimiento y diversión. O debería serlo.

La cinta está dirigida por Emilio Martínez Lázaro, responsable de otro taquillazo inesperado como fue El Otro lado de la cama, y protagonizada por Karra Elejalde, Carmen Machi, Dani Rovira y Clara Lago. Y es sobre vascos. Vascos riéndose sobre vascos y la hija del protagonista que se va a casar con un sevillano( Euskadi tiene un color especial). Y andaluces. Nadie se salva. Comedia en estado puro que se ríe de todo. Una película salida de las mentes de Borja Cobeaga y Diego San José, responsables del mítico programa de la ETB, Vaya Semanita. Una película que, difícilmente, se podría haber hecho si ETA siguiera matando. No hay que engañarse. No es lo mismo plantear una comedia sobre el País Vasco con funerales y asesinatos presentes. El cine, en muchas ocasiones, refleja la realidad. La normalidad, a duras penas, llega también a este ámbito.

Las cifras hablan por sí solas. 2,7 millones de euros recaudados el primer fin de semana y 4,4 el segundo. 9 millones de euros en 10 días de vida. Una auténtica barbaridad. Si una película no es buena y gana mucho el primer fin de semana, en el segundo baja. Lo malo se difunde rápido. Pero lo bueno, también. El boca-oreja como medio de llevar a un país al cine y que era algo que parecía imposible.

¿ Y de qué va Ocho apellidos vascos?. Pues, básicamente, de la capacidad para reírse de cualquier cosa. La risa como terapia ante la vida. Chistes sobre la kale borroka y el contraste entre la familia vasca y el novio sevillano de la hija. Un contraste acentuado por una historia de amor y que juega con los tópicos de ambas tierras con el fin de generar conflicto. Un andaluz, Dani Rovira, que viaja al País Vasco para conquistar a la chica de la que se ha enamorado, Clara Lago. Un viaje y una misión más difícil de lo que parece. El choque cultural provoca situaciones hilarantes que es lo que persigue. Y una magnífica interpretación de Karra Elejalde, en el papel de padre pescador vasco. Entretenimiento puro y duro. Lo mejor: ir a verla.

El cine español necesitaba una película de este estilo. Alegre y desenfadada y que permitiera elevar la cuota de pantalla de una industria, si se le puede llamar así, desconectada del público y que parecía que tenía como única misión en el mundo mirarse el ombligo y culpar a los espectadores de no ir a ver sus películas. Y la culpa de todo es de Internet, por supuesto. Es cierto que las descargas ilegales han hecho mucho daño al cine( ¿ a qué apenas ven videoclubs ya por las calles?) pero no es menos cierto que muchas de las películas que se han hecho aquí en los últimos años, no las veríamos ni gratis. Si, además, Ocho Apellidos Vascos coincide en el año de una nueva entrega de Torrente, la quinta ya, la cuota de pantalla y la taquilla del cine español subirá por encima de la media. Una nada casual coincidencia será que Ocho apellidos vascos tendrá una segunda parte. Es posible que estemos ante el nacimiento de una nueva franquicia. Eso sí. No esperen premios en los Goya para ninguna de estas dos películas. Si son comedias taquilleras, la Academia se olvida de ellas. Literalmente. Aunque salven el pescuezo de la industria.

No pasará la historia por su calidad aunque tampoco creo que sea eso lo que se busque. Simplemente, se trata de pasar un rato entretenido. La risa es sana. Ayuda a olvidarte de los problemas durante un rato. Y si a Gara no le gusta la película, es que deber ser buena. Gora Euskadi manque pierda.