Emprendedores

Reconoce tus errores

Mother with her newborn baby and doctor

En la vida profesional, suele decirse, lo importante no es que se eviten los errores sino nuestra sabiduría para saber disimularlos. Sin embargo, el error personal e institucional, cuando no se reconoce, puede ser letal no sólo para un proyecto, sino para la vida de las personas a las que se supone que se presta un servicio.

Un ejemplo al respecto: las medidas de higiene hospitalarias.

En el Siglo XIX había una elevada mortandad en los hospitales. En el caso, de la Clínica Obstétrica del Hospital General de Viena un 10% de las madres morían de fiebres puerperales después de dar a luz. Antes estos números, muchas madres preferían dar a la luz en las calles.

Ignaz Semmelweis, medico asistente de la clínica, intentó poner fin a esa mortandad, pero todo sus intentos por hallar la causa de los decesos resultaron inútiles. hasta que un compañero suyo se cortó la mano durante una autopsia y murió al poco tiempo después de una infección. Esto hizo sospechar a Ignaz Semmelweis que dentro de los cuerpos existía algún tipo de “materia” que transmitía infecciones.

Ignaz Semmelweis insistió a partir de ese momento en que médicos y enfermera se lavarán las manos con cal clorada, usada para eliminar el olor de la putrefacción. Esta sencilla medida redujo en unos meses la mortandad en un 18%, y la llevó a cero un año después.

Uno pensaría que por este descubrimiento Semmelweis habría sido galardonado o al menos distinguido, pero no fue así.

Los médicos en masa se negaron a reconocer el peligro de no lavarse las manos al atender a pacientes y ridiculizaron a Semmelweis al punto de que el descrédito le llevó al alcoholismo y la locura. Murió en un manicomio a los 47, con una camisa de fuerza… y debido a una herida infectada.

Las madres, en Viena, siguieron muriendo por cientos.

 

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