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Y Sherlock resucitó

2013 Toronto International Film Festival

Han sido dos años de larga espera. Pero ha merecido la pena y eso que el listón estaba muy alto. Sherlock resucitó para asombrarnos nuevamente con unas tramas salidas de la mente de Steven Moffat, Steve Thompson y Mark Gatiss (que además interpreta al hermano de Sherlos Holmes, Mycroft). Si no quiere saber más de la cuenta, no sigas leyendo. Es por su bien.

Es difícil que coincidan en sus gustos tanto la crítica como el público. Desde su inicio en 2010, Sherlock lo ha conseguido. Alabanzas de la crítica y grandes audiencias en la BBC: Más de 8 millones de espectadores de media han seguido la resurrección de Sherlock y en el tercer episodio de la tercera temporada( aún por estrenar en España) 9 millones: casi nada. En un país en el que los libros de Belén Esteban se venden como rosquillas y donde los programas más vistos son realities, programas del corazón o fútbol, da mucho que pensar.

Sherlock no es una serie al uso. Cada temporada consta de 3 episodios, de hora y media de duración cada uno. Una película cada capítulo: mejor que la mayoría de las nominadas a los Oscars 2014. Mucho tiempo para disfrutar de las aventuras del mejor sociópata novelesco. La serie es de un ritmo vivo y trepidante y la actualización de las historias al mundo actual encajan como un guante. Lo novedoso es que en esta actualización del personaje creado por Arthur Conan Doyle, Sherlock y Watson viven, se pelean, discuten y resuelven acertijos en el Londres actual. Imaginen a Sherlock con un móvil de alta gama. Pero se respetan los cánones. Siguen viviendo en el 21 de Baker Street, su eterna casera la señora Hudson vive abajo y el inspector Lestrade trabaja con Holmes. Y Moriarty: un Moriarty histriónico pero genial, sobre todo en sus diálogos con Sherlock. Memorable la escena final en la azotea del hospital St Bart antes de saltar Sherlock precipitándose contra el suelo.

El final de la segunda temporada deja a Sherlock Holmes fingiendo su muerte y a un John Watson roto por la pérdida de su amigo. Como decíamos antes, dos años de larga espera. La causa han sido los múltiples compromisos profesionales de Martin Freeman, Watson, y Benedict Cumberbatch, Sherlock. Conan Doyle estaba harto de Sherlock y decidió matarlo al precipitarse al vacío de las cataratas de Reichenbach con Moriarty. Pero las quejas de sus lectores y la presión de sus editores le obligaron a resucitarlo. En el papel, cae el agua. En la televisión, desde lo alto de un hospital en el episodio titulado La caída de Reichenbach.

En esta tercera temporada lo que hay es, además de los misterios habituales, mucho humor. Sobre todo en el segundo episodio: Signos de ser tres. El mejor discurso de boda que he visto en una película lo da aquí Sherlock. Porque hay una boda. Watson se casa( genial el momento en que la señora Hudson le pregunta con cara de extrañeza, ¿ con una mujer?) y su mujer tendrá un papel crucial y sorprendente en el tercer episodio, el mejor del lote.

¿Cómo se salvó Sherlock?. Esto es lo mejor: los creadores no parecen dispuestos a explicarlo. Los motivos para fingir su muerte si los dan: destruir la organización de Moriarty. Pero nos deja con las ganas de saber como Sherlock los engaña a todos y cómo evitó la muerte. En el primer episodio, El coche fúnebre vacío, nos ofrecen varias explicaciones posibles, algunas claramente chistosas, como si quisieran que nosotros pudiéramos elegir la que más nos gusta y dejando el misterio abierto de la resurrección para no darle importancia al cómo se salvó. Lo importante es que Sherlock está de vuelta para seguir atrapando a los malos y dejándonos locos con los finales de temporada tan perversos y llenos de sorpresas. Enorme enigma el que plantea el último capítulo por una aparición inesperada en el último minuto del episodio.

Sherlock es una de las mejores series que se han hecho nunca en Televisión. Aunque puede sonar exagerado no lo es. Unos creadores brillantes, unas interpretaciones majestuosas y un cuidado exquisito de los detalles. Delicioso el guiño al escritor al quedarse atascado el contador de visitas del blog de Watson en el año 1891, año en que Conan Doyle mató a Sherlock para después resucitarlo. Imposible no emocionarse con el final de la segunda temporada con Sherlock a punto de morir, el fantástico episodio en que Irene Adler se nos aparece en forma de dominatrix y dónde Sherlock parece por momentos tener sentimientos humanos. Y tampoco, el toque de comedia pura de la presentación de Sherlock ante John Watson tras dos años de pérdida como camarero del restaurante dónde cena el doctor con su futura esposa. Habrá cuarta temporada. Mientras estos británicos sigan haciendo series como éstas, por mí pueden quedarse con Gibraltar.